Bogotá: Un viaje en el tiempo por “la dama de Los Andes”

Bogotá: Un viaje en el tiempo por “la dama de Los Andes”

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Con las mixturas de lo colonial y lo moderno, es un destino obligado para conocer cómo conviven toda una colombianidad en medio de un paisaje de cerros orientales y una gastronomía para no perderse.

Con las mixturas de lo colonial y lo moderno, es un destino obligado para conocer cómo conviven toda una colombianidad en medio de un paisaje de cerros orientales y una gastronomía para no perderse.

La capital cafetera es “La dama de los Andes” según su propia etimología chibcha y nos recibe con un clima acorde para disfrutar de sus encantos urbanos y paisajísticos a casi 2625 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en la tercera capital más alta de Latinoamérica después de La Paz y Quito.

Una urbe poderosa de 7 millones de habitantes en el que conviven distintos tiempos: un pasado clásico y colonial en sus construcciones con estilo inglés en algunos barrios -Chapinero o Palermo- española en otros – La Candelaria o La Macarena- y la majestuosidad de los edificios modernos que muestran la fuerza de una capital cosmopolita con sus antenas conectadas al mundo.

Las nubes siempre están a punto de explotar y nos obligan a llevar una campera rompevientos a mano para poder sortear de las inclemencias del tiempo que asoman desde las montañas ubicadas al oriente. Al principio puede parecernos una dificultad las amenazas de lluvias constantes, pero después le encontramos el encanto al ritual del Café o Chocolate caliente en cualquiera de sus barrios más pintorescos como La Candelaria, Chapinero, Palermo, Park Guey o la zona norte de la ciudad en la que también siempre abundan los parques como pulmones verdes para disfrutar de la naturaleza, que tienen ferias de pulgas los fines de semana en la calle 119 con 6ta en el barrio de Usaquén o en el centro histórico de la 7ma a la altura de La Candelaria.

Bogotá es un territorio extenso e inabarcable que nos obliga a delimitar nuestro recorrido. Conocida por su enormes dificultades en el tráfico automotor en horarios pico y el servicio del Transmilenio –Metro que atraviesa el distrito en sus cuatro puntos cardinales- es una buena opción: el pase cuesta menos de un dólar: 2500 pesos Colombianos que nos permite hacer distancias largas,pero depende mucho de los horarios que lo tomemos dado a la cantidad de usuarios que se mueven por día a sus trabajos. Otra alternativa, un poco más cara, pero no tanto como en en otras partes, es el Taxi.  

Mixtura gastronómica
En la capital colombiana conviven las culturas en esta mega ciudad entonces tenemos un amplio menú de posibilidades gastronómicas para deleitarnos con los mejores platos de la cocina colombiana o internacional. Si somos amantes de la carne, un lugar infalible es Andrés Carne de Res, que tiene sucursales en distintos puntos turísticos de la ciudad como la Zona T y Zona G en la que se destacan restaurantes y bares de lo más coqueto entre calles 4ta y 9na y de la 66 a 72. Es un gran plan meterse por esas cuadras largas y elegir alternativas de sabores inconfundibles en la que podemos destacar una comida típica como el Ajiaco: sopa de crema de poyo con alcaparras, mazorca, papas, aguacate y una especie de la región llamada Guasca. Un plato típico en la fiesta de navidad en las casas colombianas, pero que podemos comer en restaurantes durante todo el año a un precio accesible.

Vistas panorámicas en Monserrate

Hay que preparar los pulmones para subir al cerro más alto- 3152 metros- que también convoca a atletas y peregrinos todos los días para conocer el santuario del Señor Caído de Monserrate al que asisten unas 7000 personas por día y los días santos son unos 70.000 fieles los que llegan hasta el cerro oriental más famoso de la región.
En el mismo sitio, la banda colombiana Bomba Estereo grabó un video clip acústico de la canción Pa Respirar de su disco Elegancia Tropical.  Es una postal obligada de la ciudad, lograr subir a la capilla que se alcanza a divisar desde cualquier punto cardinal en el que nos encontremos y después montarnos en un teleférico para volar por los cielos andinos. Vale la pena poder tener una mirada panorámica de Bogotá desde las alturas y antes de emprender el regreso disfrutar de un maridaje clásico: un tamal con chocolate caliente para recuperar energías.

La Candelaria

La Candelaria es el centro histórico de la vieja Santa Fe de Bogotá. Un recorrido obligado por una zona que despierta la bohemia cultural en sincronía con una arquitectura colonial clásica que tiene toques de San Telmo en Buenos Aires o Lavapiés en Madrid.

Con una suerte Plazoleta en medio de esas callecitas para hacer un paréntesis de ocio –tomar algo y comer algo rápido al paso como arepas rellenas- mientras distinguimos la juventud rola junto a paredes de murales artísticos que estallan en colores dentro del pasaje llamado Chorro de Quevedo.

Luego, vale la pena continuar en una caminata fotográfica por el barrio que conserva inmutables sus casonas de estilo decimonónico en donde existen una amplia variedad de instituciones artísticas-educativas como museos, salas de teatro y la biblioteca más visitada del continente: la Luis Ángel Arango.

Chapinero

Es un gran sitio para alojarnos en nuestra estadía bogotana. Una localidad con distintos barrios que respira juventud universitaria pero a la vez detalles arquitectónicos que teje algún paralelismo con barrios ingleses, como también ocurre con Palermo en esta misma capital de altura.
Edificios o casas de dos y hasta tres pisos con techos a dos aguas de tejas rojas es la postal típica mientras nos adentros en sus arterias que van desde la Caracas a los Cerros Orientales y de la calle 100 a la 39.

Chapinero ofrece un sinfín de planes gastronómicos –alberga la Zona Gourmet- o culturales porque es un radio de mucho movimiento turístico. Entre los planes obligados podemos hacer una ruta sobre el mejor café colombiano mientras surcamos sus calles por sitios como: Amor Perfecto, Café Cultor y Bourbon donde sirven productos de primera clase y están llenos de conocimiento e información sobre este elíxir tradicional.

Madrid una capital de escala humana

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La ciudad de los reyes reboza vida y está hecha para caminarla. Andar a pie por callecitas angostas que siempre derivan en alguna bocadillería al paso, para hacernos sentir la mejor sazón española en aceite de oliva o el pimentón en sus tapas que acompañan la cerveza o el tinto de verano.

La ciudad de los reyes reboza vida y está hecha para caminarla. Andar a pie por callecitas angostas que siempre derivan en alguna bocadillería al paso, para hacernos sentir la mejor sazón española en aceite de oliva o el pimentón en sus tapas que acompañan la cerveza o el tinto de verano.

Pocos son los lugares, sobre todo las capitales del mundo, que se presentan amables en escala humana para su recorrido.  Además, la ciudad cuenta con un gran servicio de transporte que nos acorta las distancias del distrito capital, ubicado en el centro de España. Un boleto sencillo de metro cuesta 1,50 euros y el abono por 10 viajes a un precio de 12, 50, con el que nos aseguramos movernos con fluidez en nuestra estadía madrileña.

Dejar atrás el Aeropuerto de Barajas y desembocar desde el Remfe o el metro en la Puerta del Sol es comenzar la expedición a pie por esta ciudad que ya nos regala una postal clásica que también es del cine de Alex de la Iglesia: Tío Pepe frente a la antigua casa de Correos. Enseguida descubrimos una arquitectura clásica que nos hace apreciar el embrión de lo que representan tantas otras ciudades de América Latina: calles angostas y balcones coloniales con ventanales, puertas de roble con picaportes dorados, y todas las esquinas dispuestas al encuentro o la gastronomía al paso.

La Plaza Mayor es la síntesis de la historia de una ciudad de reyes en la que también distinguimos el peso que tuvo la corona en siglos pasados a partir de Felipe II en 1561. En ese cuadrado peatonal en el que se yergue una estatua ecuestre en el centro -de Felipe III- y alrededor conviven antiguos palacios, se distingue la ostentación del antiguo imperio que colonizó a pueblos americanos.

Después de un zigzag por el centro, es bueno desembocar en la Calle Mayor 7 para hacer una parada obligada: una cantina clásica española nos invita a despertar el viaje en sabor del mejor jamón crudo del mundo en el Museo del Jamón, que lejos de mostrarte una obra de Diego Velázquez, te pone en primerísimo primer plano los perniles más deliciosos que cuelgan del mostrador. Apenas con un euro, puede comenzar la aventura de un baguette de pan francés untado con tomate triturado,condimentado con una pizca de pimentón junto a fetas del mejor jamón criado a bellotas. Un gol madrileño asegurado.

La Latina

Con el trazado antiguo intacto, el barrio de La Latina es una perla cultural de Madrid con sus Calles de los Moros, Morería y Plaza de la Cebada donde se halla la estación de metro. Al salir nos encontramos con un predio intervenido por colectivos culturales que muestra -desde sus paredes- la fuerza del arte contemporáneo en la ciudad. Un estallido de colores por los murales que recorren toda la cuadra frente al Teatro La Latina y de ahí podemos caminar hasta la esquina y conectar con Calle Toledo para seguir una ruta de buen olfato. Cruzar calle Ruda y aterrizar en El Malcatín para comer el mejor cocido madrileño: un guiso de cocción lenta de distintas carnes y garbanzos para acompañar con un vino de la zona de La Rioja.

Museo El Prado y Reina Sofía

El mundo de los museos es un destino obligado para los amantes del arte y la cultura. Casi que en un mismo radio, La Ronda de Atocha, se condensan siete siglos de las pinturas y esculturas emblemáticas de la Historia Universal.


Por un lado, El Prado, es el más clásico: proyectado primero por el Rey Carlos III e inaugurado durante el gobierno de Fernando VII, el 19 de noviembre de 1819.  Un edificio majestuoso en el que se pueden apreciar desde murales románicos del siglo XII hasta expresiones de fines de siglo XIX. Casi una mañana entera nos haría falta para poder disfrutar de los distintos salones donde se encuentran prestigiosas obras como “El Jardín de las Delicias” de El Bosco, “La Crucifixión“ de Juan de Flandes; “El Caballero de la mano en el pecho“ de El Greco,  “Las Meninas“ de Velázquez, entre otros de importantes artistas como Rafael, Rembrandt y Rubens. Abre de Lunes a sábado abierto, de 10 a 20 horas, con una entrada de 15 euros para adultos.

Con una impronta más moderna, el Museo Reina Sofía, reune el arte contemporáneo del siglo XX en el que se destaca una obra monumental como El Guernica de Picasso y estilos artísticos como el Cubismo, Expresionismo y Surrealismo.  El proyecto comenzó en 1894 y tuvo distintas sedes hasta que se logró montar finalmente el edificio actual en 1992 para completar, en la Ronda de Atocha, un triángulo de arte de Madrid junto al Prado y Thyssen-Born1emisza.  El museo está abierto de lunes a sábado (excepto el martes), de 10 a 21 horas, con un precio de 23 euros con una visita guiada de 75 minutos, mientras que el domingo a partir de las 13.30 el acceso es gratuito.